50 AÑOS DEL ESTRENO DE 'CENTAUROS DEL DESIERTO' ('THE SEARCHERS')
Feliz aniversario, Ethan
JOSÉ HAVEL/
Hoy se cumplen 50 años del estreno de 'Centauros del desierto' (John Ford, 1956), de la que ayer el Festival de Cannes presentó una versión restaurada. De la mano de dos característicos temas fordianos, el hogar y la búsqueda, este imprescindible filme, firmado por uno de los máximos representantes del clasicismo cinematográfico, no sólo trasciende el modelo de narración clásico americano (entre otras cosas, el relato no se clausura). También da una vuelta de tuerca al género del western, al cual reconduce ampliando su horizonte de complejidad. Por si fuera poco, esta incontestable obra maestra sabe sumar valores éticos a sus virtudes estéticas. Véase cómo trata la cuestión india de los años 1868-1873 (poco tienen de épicas las acciones de 'los buenos' contra los comanches), a su vez alegoría del espinoso problema racial entre negros y blancos de los años 50. Sin embargo, el verdadero corazón de esta película-faro, cuyo título original es 'Los buscadores' ('The Searchers'), lo que más nos emociona, inquieta y sobrecoge en ella, tiene que ver con la maldición de su turbulento protagonista Ethan Edwards (John Wayne). Esa maldición a la que alude la canción de Stan Jones que abre y cierra el filme. Ethan es un solitario ser asocial, impulsado por la irrefrenable llamada de la aventura y atormentado por una inexplicable desazón interior, incapaz de llevar una convencional vida sedentaria como ranchero al lado de la mujer de su vida, que se casa con su hermano cansada de esperarlo. Además, ni su participación en la Guerra de Secesión como soldado confederado, ni sus destacados servicios militares en México, ni su particular lucha contra la vencedora Unión asaltando bancos en California, ni su visceral odio hacia los pieles rojas, le sirven de gran cosa para mitigar su desasosiego existencial. Y después de un lustro de errabunda ausencia durante el que se queda sin asideros vitales, el desesperado retorno al hogar resulta baldío: su gran amor, su hermano y dos de los tres hijos de éstos son cruelmente asesinados por una tribu india en rebeldía, que secuestra a la más pequeña de la familia.Varios años después, Ethan logra rescatar a su sobrina superviviente, aunque, una vez cumplida su misión de héroe, la 'búsqueda' sin tregua que es su vida vuelve a desbrujularse. Al final, cansado y envejecido, Ethan Edwards se ve condenado a vagar eternamente, cual maldita alma en pena, por las inmensas llanuras del lejano Oeste, consciente de que deberá convivir con una dolorosa serie de preguntas, incertidumbres e inquietudes que, a buen seguro, carecen de respuesta, solución o salida: 'Un hombre examinará su corazón y su alma,/ buscará un camino ahí afuera./ Él sabe que hallará su paz de espíritu,/ pero ¿dónde, Señor, dónde?/ Cabalgando, cabalgando, cabalgando '
Artículo publicado en el diario gijonés El Comercio, el día 26 de mayo de 2006, firmado por José Havel ©.


1 Comments:
Magnífica para ver en cualquier ocasión, más todavía en su cumple. No sé por qué (o quizás sí lo sé) el principio de esta película es uno de los inicios cinematográficos que más me emociona cada vez que lo veo (y van más de diez).
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