domingo, julio 25, 2004

¿DÓNDE ESTÁN MIS OJOS?, por TERESA MARTÍN




Dejó que la música tocara sus manos tenues al tiempo que se aproximaban con una caricia a su cara que miraba al espejo con ojos mudos. Empezó a recorrer su gesto como quien recorre el sendero a su puerta en la noche despojada de estrellas. Buscaba un sonido que reemplazar; cuatro porciones de gélida crema en sus mejillas, en su barbilla, en su nariz y su frente. Buscaba un olor del que impregnarse y olvidar después bajo el agua, concedió color a su rostro. Buscaba un tacto que desgarrar, le otorgó una puerta a sus ojos y una ventana a sus labios. Se deslizó en su chaqueta, elevó el muro de su cuello, agotó el sonido de sus oídos con los auriculares de su congoja y una última mirada se despidió de su reflejo.

Esos que escondo tras una puerta robada a la tramoya, esos deben de ser mis ojos, pero no los reconozco. Han quedado olvidados en la repisa de una empolvada estantería vacía de volúmenes que contengan la palabra esperanza.

Con paso decidido por la prisa que da el alejarse de otros ojos, cruza la calle y su mochila busca el destello de la mirada que ha quedado paralizada en el cristal del escaparate. Buscaba una sonrisa por devolver, y se llevó sus delgados dedos a sus labios para enmudecer una queja. Buscaba unas uñas que saludar con un suave amarar de su mano, apretó la mochila contra su pecho inerte. Buscaba un saludo por llegar, y despidió una lágrima que brotaba de sus auriculares.

Mis ojos están en el escaparate. En el exterior encuentran una imagen borrosa que es también la mía.

Al llegar al trabajo se adentró en el hueco de la escalera. De soslayo encontró sus hombros en las láminas de metal que recubrían las paredes. Buscó un pecho que sacudiera el desprecio. Halló su piel tensada por la angustia. Buscó unos pies que pisotearan la sinrazón. Tropezó con los cordones del desaliento.

Donde se cobija el desconocimiento, allí están también mis ojos. Pero eso tampoco llego a saberlo.



(C) Teresa Martín, 2004



lunes, julio 19, 2004

Gira y gira la vida loca


TRAIGAN AGUA

para su sed de bataclana
de salvia
para lamerle las raíces
agua serenata
en sus poros
que le derrita telaraña



Ofrézcanle un respiro
agua denle a su tormento
más agua, venga
para sus noches de guerra
que no muera la mona del organillo
agua no quiero verla mustia
entre el rebaño

Un poema de Marisol Wexman del libro Morir de puro hábito


domingo, julio 11, 2004

Entresacado del CHAT MESTIZO



Los deficientemente instruídos tal que yo, fundimos en uno sólo a estos homónimos y a muchos más, como en un cuento borgiano: un Diógenes buscador de hombres con la lámpara apagada, metiendo los pies en los charcos, bebiendo con las manos, escupiendo lo que nos chorrea, ladrando un poquito por turnos, y riéndonos a carcajadas.


(De autor desconocido, al menos para mí)


viernes, julio 09, 2004

Un poema de Marisol Wexman



CON UNA COPA DE SU SEDOSO VINO
me acerco a los trozos desflorados de otra historia que no me pertenece, en la que yo no estaba. No me toques. El televisor me muestra "los días de nuestra vida", hay huellas en la alfombra de las patas de una cama, revistas de enfermería en las gavetas, cuentas añejas de agua que ni bebí y ni se ha evaporado. Qué frágil me vuelvo. Tropiezo con un piano de cola, importado de Chile, qué hacer si no amarizo en este sitio. La calefacción a 72 grados Fahrenheit, se enfría mi elocuencia, nieva. La leche tiene gusto a leche, leo el diario del domingo. Preparo la maleta. Sientes cómo viajo, cómo dejo de pertenecerme. Desde el gigantesco plato del satélite, me penetran dos caballos apoya-libros. ¿Querrías que todo comenzara de nuevo? Sintonizo con mi propia voz grabada en el contestador. La fiesta enmudece. Alguien cierra las cortinas. Creo que yo misma. La borrosa sombra de una mujer me expulsa a la calle y se ríe de mi llanto.


http://www.noticias.nl/mwex/index.html



jueves, julio 08, 2004

SOBRE EL "MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA", DE MARX Y ENGELS (por FRANCISCO J. LAURIÑO)




PARTE I
EL MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA EN RELACIÓN CON SU ÉPOCA


1.1. Aproximación

El Manifiesto del Partido Comunista tuvo muy poca resonancia a raíz de su publicación. No fue una obra que se leyera demasiado ni que circulara en exceso. El año concreto de su publicación, 1848, coge a los pueblos europeos sumidos en difícil situación, en época de revueltas, en la que el papel impreso suscita menos interés que la acción propiamente dicha. Tendrán que pasar los años para que las influencias, no ya del Manifiesto del Partido Comunista, sino del propio marxismo en general, se dejen sentir con fuerza evidente. Poco se puede decir, en efecto, sobre las influencias en su época de esta pequeña obra si no la miramos unida al resto de las obras de sus autores. Habría que esperar hasta 1864, fecha de la fundación de la Primera Internacional, para que el marxismo en general fuese la forma de pensamiento por excelencia del movimiento obrero.

Por otra parte hay que tener en cuenta el hecho ya señalado de que 1848 es un año “movido”, dicho sea en palabras vulgares. El surgimiento de las revoluciones democrático-burguesas que culminaron con la Comuna de París -intento revolucionario de carácter no ya burgués, sino socialista, proletario-, van haciendo que la burguesía se muestre, paulatinamente, como contrarrevolucionaria y antidemocrática, a la vez que se produce el lento pero decidido empuje del proletariado. Sin embargo, no se puede olvidar que es la propia burguesía quien lleva las riendas de los procesos en la época, lo que, por supuesto, hace que las tentativas incipientes de la clase obrera lleguen al fracaso -por esto y por factores como la invalidez del socialismo utópico que Marx y Engels reconocen en el Manifiesto y en otras obras posteriores al mismo-, a fracasos como el de la misma Comuna de París, a pesar de que después del 48 el movimiento obrero comience a librarse de las influencias burguesas. Todo el entramado revolucionario hace que el Manifiesto del Partido Comunista presente algunas carencias que el marxismo iría rellenando en obras posteriores y complementarias (La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850, o bien Revolución y contrarrevolución en Alemania, por ejemplo). El tema del Estado se aborda en la obra de forma muy abstracta y general, pero en otras posteriores se tiende a la precisión y a la definición exactas: la idea de la destrucción de la máquina del Estado (que de sí no aparece en el Manifiesto), la de la revolución permanente, etc. La teoría de la plusvalía sería, también, elaborada con posterioridad. Subyace, además, en el Manifiesto del Partido Comunista una idea marxista de aquellos años que, con el tiempo, sería rectificada (o precisada): Marx y Engels veían demasiado cerca la revolución proletaria, el socialismo. El propio Engels lo reconocería aduciendo que en esos años la doctrina económica marxista aun no se había perfilado en su totalidad. Por supuesto las experiencias revolucionarias del 48 hicieron que se profundizase en el estudio del capitalismo en muy diversas obras, entre ellas la más importante de Carlos Marx, El Capital, cuya primera parte data de una fecha muy tardía con respecto a la obra que nos ocupa (cerca de veinte años después, 1867).

El Manifiesto del Partido Comunista, por lo tanto, es sobre todo un punto de partida y no un hito de la teoría marxista. Es una raíz de la que parten infinidad de cuestiones de vital importancia, sobre todo para los tiempos actuales, y que más adelante veremos en algunos de sus aspectos.

Realmente, el primordial valor que para su época posee el Manifiesto del Partido Comunista (aunque podría muy propiamente decirse que son Marx y Engels quienes lo poseen) es el de haber sido la primera expresión para la fundación del socialismo científico. Hasta entonces, y el propio Manifiesto lo aporta, el “socialismo” había sido de diferentes cuños, pero con el denominador común del paternalismo y/o del querer aprovecharse de la clase obrera (léase “socialismo feudal”, “socialismo cristiano”, “socialismo pequeño-burgués” o “socialismo conservador”). Filosóficamente también habían surgido movimientos que, como el “socialismo alemán o verdadero”, habían servido a los intereses reaccionarios por la falsedad de sus planteamientos. Los autores del Manifiesto también son profundamente críticos con sus predecesores, los socialistas y comunistas crítico-utópicos, que, como Saint Simon, Fourier u Owen, “repudian toda acción política y de modo explícito la revolucionaria y quieren alcanzar su meta por la vía pacífica, intentando abrir camino al nuevo evangelio social con el poder del ejemplo, mediante pequeños experimentos que acaban, como es natural, en el fracaso.” (1)


1.2. Breve referencia al análisis histórico en el Manifiesto del Partido Comunista y a sus bases histórico-filosóficas

El hecho de que el capitalismo se afianzase en Europa, dejó entrever cómo el progreso burgués presentaba aspectos de antagonismo claro. La dicotomía entre riqueza y pobreza, la falta de control en la producción, la creciente explotación de hombres, mujeres y niños, las vejaciones, la progresiva desaparición de las pequeñas propiedades de artesanos y campesinos absorbidas por la monstruosa máquina del capitalismo, presentan una situación abonada para el surgimiento del marxismo, el cual no es otra cosa que un profundo reflejo filosófico y científico, desde la visión del revolucionario, de los referidos antagonismos de clase -políticos y, por supuesto, económicos-.

El Manifiesto del Partido Comunista es, además de un “manifiesto” propiamente dicho, un lúcido análisis histórico y político de esa época. Un excelente razonamiento sobre el pasado histórico en función de la lucha de clases reconocida y de la propia situación de las clases desfavorecidas con respecto, por supuesto, a los explotadores. Enlaza el pasado con su presente y explica concisamente dónde se encuentran los factores que explicitan el nacimiento de la nueva clase, del proletariado: “En la misma medida en que se desarrollaba la burguesía, es decir, el capital, se desarrollaba el proletariado, la clase de los obreros modernos, que tan sólo puede vivir a condición de hallar trabajo y tan sólo puede hallar trabajo a condición de que éste acreciente el capital” (2).

El marxismo, tanto generalmente como a nivel de lo expresado en el Manifiesto, tiene no solo la base social e histórica a que venimos aludiendo. Como filosofía, también posee unos antecedentes filosóficos y científicos. Lenin diría que el marxismo es una continuación de la doctrina de los representantes de la filosofía, el socialismo y la economía política (3), que bebe principalmente en las fuentes del socialismo crítico-utópico (Fourier, Owen, Thomas Spence, Saint Simon, Babeuf), de la economía política clásica (Adam Smith, David Ricardo, Thomas Malthus) y, por supuesto, de la filosofía idealista alemana (Hegel y sus, en cierto modo, epígonos, como Feuerbach o Max Stirner).

El núcleo central del surgimiento del marxismo va desde fines de los años 30 del siglo XIX a fines de los años 40. A este último momento de iniciación pertenece la obra que analizamos. La filosofía marxista atraviesa dos fases formativas fundamentales: por un lado, el paso de Marx y Engels del idealismo hegeliano al democratismo revolucionario y al comunismo científico (anteriores a la publicación del Manifiesto del Partido Comunista), y por otro la elaboración de los principales presupuestos del llamado “materialismo histórico”, cuyos primeros frutos son la Miseria de la Filosofía, de 1847, y el Manifiesto del Partido Comunista.

Pero algo que llama la atención poderosamente es que la figura intelectual de Carlos Marx y las concepciones teóricas de éste y, naturalmente, de su compañero Engels, es decir, el marxismo, son un producto claro de su época, un época muy concreta, que se constituye a la vez en tajante y transcendente respuesta a los problemas acuciantes de la misma. El hecho de que hayan sabido imbricarse y responder en y a su modo de una forma tan perfecta, el hecho de que la respuesta sea tan absolutamente adecuada y sistemática, explican el porqué de su triunfo y su pervivencia frente a otras teorías que solo reflejaron influencias de tipo general.


1.3. Algunas repercusiones históricas del marxismo

Como repercusiones inmediatas (aunque “inmediato”, en nuestro contexto, no signifique menos de algunas decenas de años), el marxismo posibilitó la existencia de pensadores y de teóricos que, en algunos casos, supusieron posteriores bases revolucionarias añadidas al marxismo mismo, por supuesto si entrar a considerar a revolucionarios ya inmersos en la dinámica del siglo XX que, como el propio Lenin, supusieron un avance muy serio y definitivo en la teoría marxista. A filósofos como el alemán Joseph Dietzgen se unen destacados elementos de la práctica revolucionaria en el seno de la clase obrera, como es el caso del francés Paul Lafargue. El social-demócrata F. Mehring, que sería uno de los fundadores del Partido Comunista Alemán, es otro de los nombres destacables, junto al filósofo italiano Antonio Labriola, quien nos da un notable testimonio de las influencias del Manifiesto del Partido Comunista, de su alcance histórico, puesto que para él marca el inicio de la “nueva época”. Y así es, en efecto -y esta es la consecuencia histórica más importante-: en filosofía, en historia, pero sobre todo en movimiento obrero, hay que hablar ya de la “vieja época” (antes del marxismo) y de la “nueva” (después), con todo el potencial revolucionario que ello supone.

En todo caso, ni el Manifiesto del Partido Comunista ni la teoría marxista tratan de profetizar. Marx y Engels no eran adivinos, ni magos, sino profesores y economistas revolucionarios. Y las previsiones desde la perspectiva revolucionaria siempre van encaminadas a cuestiones generales y amplias. Decir que los autores del Manifiesto acertaron o se equivocaron, cuando menos, es algo simplista y un acto, quizás, de subestimación hacia ellos. La que sí es cierta, sin lugar a dudas, y ahí estriba su valor fundamental -o más bien uno de sus valores fundamentales-, es la verdad, por ellos reconocida y nunca realmente rebatida, de que la lucha de clases es el motor de la historia. Esto está muy claro en todos los procesos que desde los relatados en el Manifiesto del Partido Comunista hasta la actualidad se han dado a lo largo de la historia.

Al calor de las ideas marxistas estallaron revoluciones proletarias que, en algunos casos, fueron un fracaso (como la alemana) y en otros un éxito (como la rusa). Es notable el hecho de que la primera revolución proletaria y socialista triunfante, la revolución rusa de octubre de 1917, no se haya dado en un país con las características específicas que Marx y Engels habrían supuesto, pero sí significó, a la larga, una serie de cambios en toda Europa que la configuraron, poco a poco, y que la hicieron ser radicalmente diferente a como había sido antes de que los bolcheviques tomaran el poder: advenimiento de los países socialistas, que persistieron durante décadas en la parte oriental –no se sabe si para bien o para mal como experiencia, pero, sin duda, un evidente fracaso político que no debería repetirse, en bien del propio marxismo- y, en la parte occidental, mejoras de tipo social, conquista de derechos y de sectores de poder por la clase obrera, etc. Es decir, influencias del marxismo en nuestra actualidad y en nuestro mundo, en nuestra sociedad burguesa, cuestiones que iremos observando en el apartado siguiente.



PARTE II
EL MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA EN RELACIÓN CON LA ACTUALIDAD


En el Capítulo III del Manifiesto del Partido Comunista se dan un total de diez medidas de aplicación general que el proletariado deberá aplicar en caso de conseguir el poder. Entre ellas están un “fuerte impuesto progresivo” (punto 2), “educación pública y gratuita para todos los niños” y “abolición del trabajo infantil” (ambos del punto 10), etc. Lo realmente chocante es que, al menos, estos dos puntos son reales y efectivos, en gran parte, en nuestra actual sociedad capitalista y burguesa en la que el proletariado aun no ha accedido al poder, y que algunos otros que no apuntamos aquí también se han hecho realidad en algunas sociedades burguesas actuales; todo ello, pese a que en el llamado Tercer Mundo esos logros no existen. En todo caso, los apuntados logros no son “regalos” de la clase dominante, sino conquistas que los trabajadores han conseguido después de muchos años de lucha, de sufrimientos y de penalidades, de muertes, de infamias, de actitudes hostiles. Por lo tanto podemos afirmar que el alcance, la influencia actual del marxismo, llega hasta ahí en lo tocante a avances sociales. Por supuesto, esas influencias son notorias en los planteamientos políticos comunistas e izquierdistas dentro de nuestra sociedad. La inspiración marxista sigue siendo ingrediente fundamental para ciertas organizaciones socio-políticas.

Se trata, continuando con lo antes mencionado, de que la burguesía ha hecho al proletariado una serie de “concesiones” materiales (cómo el proletariado las ha conseguido ya queda dicho), pero no de una manera desinteresada. El triunfo de la revolución socialista en Rusia y la creciente influencia del marxismo y del comunismo a lo largo del siglo XX han ido “amedrentando” a la clase dominante. Tenían que “comprar moralmente” al proletariado porque físicamente ya lo habían hecho. Y esta “compra” progresiva y constante ha hecho que las condiciones de vida de los trabajadores mejorasen, pero con ello ha hecho también que el proletario que Marx y Engels concebían se debilitase como tal, convirtiéndose, con el paso de los años, en un obrero aburguesado, con inquietudes de burgués, con pequeñas propiedades y bienes de consumo, con tiempo libre, pero, así y todo, explotado. El obrero es hoy un consumidor que fomenta e impulsa el comercio capitalista.

Pero todo este problema, a pesar de las objeciones al término “proletario”, sobre el que luego volveremos a incidir, ya había sido intuido en la obra que estamos analizando. Así, en el Capítulo III, parte 2, se dice: “los socialistas burgueses quisieran tener las condiciones de vida de la sociedad moderna sin las luchas ni peligros que necesariamente conllevan. (…) Quisieran la burguesía sin el proletariado. (…) Una segunda modalidad menos sistemática, pero tanto más práctica de socialismo, trata de enfriar cualquier iniciativa revolucionaria de la clase obrera haciéndole ver que no es tal o cual reforma política lo que le reportará ventajas, sino tan solo la modificación de sus condiciones materiales de vida, de su situación económica. Por modificación de las condiciones materiales de vida no entiende este socialismo, en modo alguno, la abolición de la relaciones de producción burguesas -cosa que sólo se puede obtener por el camino de la revolución-, sino las mejoras administrativas que se efectúan en el marco de esas relaciones de producción y que en nada modifican, por tanto, la relación entre el capital y el trabajo asalariado”. Podríamos tildar a nuestra sociedad burguesa, entonces, con el término de “socialista burguesa” o “socialista conservadora”, puesto que las aspiraciones de una parte de la burguesía de “mitigar los males sociales al objeto de asegurar la permanencia de la sociedad burguesa” (4) se han cumplido. Y en este sentido desempeñan un rol fundamental en Europa los partidos de tipo socialdemócrata, e incluso, como en España, los llamados “socialistas”.

En cualquier caso, todas las concesiones hechas carecen de valor desde el punto de vista marxista a la hora de seguir analizando las relaciones entre trabajo y capital, puesto que, al igual que en el lúcido análisis de Marx y Engels, en la actualidad el capitalista no paga al obrero su trabajo, sino su fuerza de trabajo, considerada como una mercancía más. Si lo remunerado fuese el trabajo, el capital estaría a disposición social, es decir, a disposición de todos, y no solamente de unos pocos, los burgueses -en la terminología de Marx-, los capitalistas, que aun continúan teniendo los medios de producción. La única diferencia que suponen las “concesiones” burguesas es meramente cuantitativa en el sentido de que al obrero se le paga algo más de lo estrictamente necesario para que sobreviva.

Siguen vigentes, además, análisis concretos de cuestiones concretas, como el que atañe a caracteres cosmopolitas de la producción y el consumo: “mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha impreso un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países…” (5) y su secuela, el colonialismo y el imperialismo actuales, que hoy estamos viviendo de manera directa en nuestras carnes y que de forma mucho más sangrante están viviendo los países llamados del Tercer Mundo (no otra cosa que colonialismo es la invasión de Irak); puesto que según el Manifiesto del Partido Comunista el sistema de producción burgués fuerza a todas las naciones a hacer lo suyo, las fuerza a convertirse en burguesas, es decir, a seguir los dictados del capital, para que los pocos sigan enriqueciéndose a costa de que los muchos se emprobrezcan. Además, la sociedad consumista impuesta por el capitalismo hace que el dinero que el obrero obtiene por encima del necesario para su supervivencia revierta en las mismas arcas de donde ha salido, puesto que desde todos los medios de comunicación, y de propaganda, se le insta al consumo, a gastar todo lo que tiene, e incluso lo que no tiene, en una barahúnda esclavizadora que parece no tener fin. Esta reflexión, tan de actualidad, ya aparece muy bien perfilada en el Manifiesto y es una prueba irrefutable más de la validez de los presupuestos -de muchos de los presupuestos- del mismo: “Apenas acabada la explotación del obrero por el capitalista, de modo que aquél pueda percibir su salario en mano, los otros representantes de la burguesía caen inmediatamente sobre él en forma de propietario de la vivienda, de tendero, de prestamista, etc.” (6); aunque aquí de lo que se trata es de elementos vitales (hogar, comestibles, préstamos para subsistir…), en un análisis de la actualidad concreta podríamos añadir vendedores de objetos de consumo muy variados (coches, moda, bebidas, música, juguetes, y un largo etcétera), cuyas ganancias se suman a las arcas del capitalista (representado, en general, por el fantasma de las multinacionales que son, además, los motores que sostienen al imperio y que representan un papel de tanta importancia en la belicista política internacional de los EE.UU. en la actualidad).

El problema es que el propio obrero va perdiendo la conciencia de clase debido a las mencionadas “concesiones” que su propia lucha y el temor de la burguesía le han reportado. Y a veces, demasiadas veces, no es capaz de darse cuenta de lo que acabamos de decir, y de otras cuestiones muy parecidas (enriquecer a otros a base de su trabajo, pero también de su consumo), cegado como puede llegar a estar por los deslumbrantes reflejos de la llamada “sociedad del bienestar”. Sin embargo ese “bienestar” no es eterno. Hemos de tener muy en cuenta las etapas de crisis periódicas que atraviesa el comercio, también apuntadas por Marx y Engels, dentro de una de las cuales nos hallamos inmersos desde hace tiempo. Lo que sucede es que el análisis de una crisis como la actual es mucho más complicado de lo que podría serlo solo a la luz de la teoría de la superproducción expresada por los autores del socialismo científico. En la actualidad intervienen factores de enorme peso y consideración y que en etapas anteriores no lo eran tanto: sobre todo la intervención estatal en la economía y la fuerza de los sindicatos, en parte para movilizar, pero mucho más como fuerza anquilosadora y desmovilizadora de las masas obreras (esto es algo muy claro en general, pero en las cuencas mineras asturianas, en particular, resulta sorprendentemente nítido, porque lo sabe todo el mundo y todo el mundo lo apoya con tal de mojar y de recoger las migajas de las prejubilaciones, sin importar ni el futuro, ni los beneficios sociales, ni la calidad de vida, no ya la propia, sino la de los hijos que han traído al mundo y que parecen importarles muy poco).

De lo que no cabe duda es de que esta misma crisis es la que pone en peligro, día a día -a pesar de la seguridad y confianza que demuestran algunos trabajadores- las “concesiones” que la burguesía ha hecho a la clase obrera en las condiciones que ya hemos expresado más arriba. En otra etapa de la historia europea, la crisis se saldó con un parche de emergencia para el capitalismo, constituido por los fascismos (tanto el fascismo italiano de Mussolini, como el nazismo de Hitler), y con una guerra muy cruenta que fue consecuencia de los mismos. Hoy por hoy la crisis se palpa en el aumento del desempleo y en el cierre de empresas, en las regulaciones de empleo, en el aumento de los precios y el restancamiento de pensiones y salarios, etc., todo ello unido a una economía ficticia, basada en remunerar estatalmente empleos que ya no existen, hipotecando, así, el futuro. Es decir, que la crisis la están pagando los supuestos “beneficiarios” de las “concesiones” burguesas, o sea, los trabajadores. El problema fundamental con el que nos enfrentamos es que el desempleo, y la marginación social que suele conllevar, no conforman “proletarios” en el sentido marxista -o parecido- del término, sino algo que más bien se parecería a los “lumpen-proletarios” -siguiendo el Manifiesto del Partido Comunista, esta especie de subclase no es aprovechable para la lucha revolucionaria, dada su predisposición a “dejarse comprar en apoyo de maquinaciones reaccionarias” (7)-. Las bolsas de marginación, en general, producen en la actualidad una clase de subproletarios que la propia clase obrera desestima y margina; es un sector de condiciones vitales muy irregulares y sin conciencia de clase. El problema está en que las condiciones de lucha por la supervivencia en que se ven envueltos los convierte en individualistas que huyen de las acciones colectivas. Otro tanto podría decirse de los prejubilados, dejando a un lado, claro está, la forma de vida marginal, e identificándolos, más bien, con una forma de vida ficticia, con un engaño de sí y del propio sistema, aunque este último lo hace con perfectos conocimientos y con unos fines muy claros para su propia subsistencia, a costa, claro está, del individuo y de la clase social a la que pertenece.

Por otro lado hoy, en las sociedades burguesas, se pretende que el “libre desarrollo de cada uno sea la condición para el libre desarrollo de los demás”, lo que es una cita textual del Capítulo II del Manifiesto del Partido Comunista. Pero esta premisa, que en los posibles países socialistas sería válida y real, en nuestra sociedad regida por los principios depredadores que señalan el capital y los monopolios internacionales, no deja de ser una caricatura. Las democracias de Europa, o los EE.UU., y demás países capitalistas medianamente desarrollados, viven, según se dice, un sistema de libertades -o mejor, vivimos-, un sistema que tiende, según se nos dice -incluso por ley: véase Constitución española de 1978- a la igualdad y a la convivencia. Pero ¿es esto realmente cierto?, ¿a costa de qué y de quién? Ahí están el desempleo, la pobreza, el racismo, la desigualdad entre sexos, la marginación, dentro de los propios países -aunque los textos constitucionales reconozcan pomposamente el derecho al trabajo y a la vida digna de todos los ciudadanos-, y la explotación ejercida por esos países avanzados sobre los subdesarrollados del Tercer Mundo.

Es decir que el Estado burgués continúa inventando redes que sustenten su supremacía y el sistema de enriquecimiento de los pocos a costa de los muchos. A cambio de un fantasma esclerotizado de supuestas libertades individuales -basadas, por supuesto, en el poder adquisitivo de cada cual- el obrero tiene que renunciar a conseguir el poder y tiene que conformarse con sus pequeñas propiedades -ridículas frente a las auténticas propiedades del capitalista- y con su destino pequeño-burgués de nuevo cuño (y si el obrero, mediante el sistema establecido, por la razón de las urnas, consigue ese poder, enseguida surgirá cualquier tipo de rebelión, generalmente militar, que le ponga fin por la fuerza y lo ahogue en sangre, como sucedió en 1973 en Chile, por poner un ejemplo).

Esta es, sin duda, una estratagema más, un bache más. Marx y Engels tan solo se equivocaron en los plazos temporales. Los tentáculos de la burguesía han llegado más lejos que cualquier previsión, haciendo que hoy el obrero sí tenga propiedades “que perder” en una revolución (o al menos, esa es la ilusión que se pretende fijar como realidad), a pesar de tener todo “un mundo que ganar” (8). Pero ¿no valdría la pena renunciar a pequeñas propiedades ilusorias que son, a la larga, fáciles de perder en la sociedad burguesa, en favor de la propiedad social? Porque hoy por hoy, a pesar de esas pequeñas propiedades, el capital está en manos de la burguesía y con la revolución pasaría estar a disposición realmente social.

Todavía son actuales aseveraciones como ésta: “Los postulados teóricos de los comunistas no se basan, en modo alguno, en principios descubiertos o ideados por cualquier redentor visionario. Son formulaciones generales de situaciones reales que se dan en una lucha de clases real, en el movimiento histórico que se desarrolla a la vista de todos. (…) Lo que caracteriza específicamente al comunismo no es la supresión de la propiedad en general, sino la supresión de la propiedad burguesa. Solo que la moderna propiedad privada burguesa es la expresión última y más acabada de la producción y apropiación de productos basadas en los antagonismos de clase, en la explotación de unos hombres por otros. En este sentido, los comunistas sí que podrían resumir sus teorías en esta sola fórmula: supresión de la propiedad privada.” (9)

Hemos hecho todas estas disquisiciones y apreciaciones sobre la actualidad o no actualidad del término marxista “proletariado”, para llegar a conclusiones que nos parecen acertadas, aunque, evidentemente, sean subjetivas. Pero algo que no se puede poner en duda es la absoluta vigencia actual que la definición marxista de burguesía continúa teniendo. Quienes hoy siguen disponiendo de forma total son los burgueses y no los obreros y, desde luego, se sigue contemplando a la clase trabajadora como acrecentadora del capital mientras los intereses de la clase dominante así lo exijan (10). Por esto mismo se le han hecho concesiones: las mejoras sociales redundan en un cierto bienestar del obrero, que se acondiciona a las imposiciones burguesas, que se suaviza frente a la clase dominante -pensando que se ha equiparado a ella- y que revierte en una mayor tranquilidad, acomodo e impunidad de ésta.

Además, en nuestras sociedades “avanzadas”, “el capital goza de autonomía y personalidad mientras que el individuo activo vive en la coerción y la impersonalidad” (11). La meta, como en tiempos del Manifiesto del Partido Comunista, continúa siendo la supresión de la personalidad, la autonomía y la libertad burguesas, para que cese la explotación del hombre por el hombre. También hoy la educación (burguesa) es un simple y llano “adiestramiento para el manejo de la máquina” (12), una forma de hacer de los niños obreros sumisos del futuro, aunque hoy lo sea en un sentido más amplio. Y también hoy el burgués acusa al comunista de que sustituyendo la educación doméstica (burguesa) por la social “se elimina la más pura intimidad familiar” (13). La sociedad actual sigue aprovechando la educación para introducir la forma de pensar de la clase dominante, eso sí, de una forma más o menos enmascarada, a pesar de los intentos en contra que a diario se llevan a cabo por parte de educadores conscientes y progresistas.

La burguesía actual no es otra que la heredera de la ya definida por Marx y Engels. Más afianzada en su poder por esa tranquilidad que hemos explicado, nuestra clase burguesa de hoy se constituye en la línea de continuidad más clara de aquella que había surgido “de las ruinas de la sociedad feudal” y que no había “suprimido los antagonismos de clase” (14). “Lo único que ha hecho -continúan los fundadores del socialismo científico- es establecer nuevas clases, nuevas condiciones de opresión y nuevas formas de lucha en sustitución de las anteriores” (15). Y esto es cierto también en nuestra sociedad. Porque el marxista consecuente ha de establecer nuevos métodos de lucha para nuevas condiciones de opresión, aunque esa opresión esté camuflada y trate de hacer creer al obrero que éste ya ha conseguido casi todos sus logros. Aunque cada una de las fases de desarrollo de la burguesía (y ha pasado por algunas subfases dentro de su fase final desde que Marx y Engels publicaran el Manifiesto del Partido Comunista) va “de la mano del correspondiente progreso político” (16).

Qué duda cabe de que hoy, al igual que en 1848, se puede decir sin temor a equivocación que “el poder estatal moderno equivale al consejo de administración de los intereses generales del conjunto de la burguesía” (17).

NOTAS:
1 Manifiesto del Partido Comunista, Capítulo III, parte 3.
2 Manifiesto del Partido Comunista, Capítulo I.
3 V.I. Lenin, Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo.
4 Manifiesto del Partido Comunista, Capítulo III, parte 2.
5 Manifiesto del Partido Comunista, Capítulo I.
6 Ibídem 5.
7 Manifiesto del Partido Comunista, Capítulo I.
8 Manifiesto del Partido Comunista, Capítulo III, parte 4.
9 Manifiesto del Partido Comunista, Capítulo II.
10 Ibídem 9.
11 Ibídem 9.
12 Ibídem 9.
13 Ibídem 9.
14 Manifiesto del Partido Comunista, Capítulo I.
15 Ibídem 14.
16 Ibídem 14.
17 Ibídem 14.

FRANCISCO J. LAURIÑO
(C) 2004 (revisión sobre un texto original de 1988)


miércoles, julio 07, 2004

Em Salvador de Bahía



Na noite do verao
dos tectoes das moradas
ascendem as impressoes pesoais
mesmo que fume nas telhas.

martes, julio 06, 2004

Sentado contra la pared.


Sentado contra la pared, a la fresca, veo debajo de la morera a Borges con una sonrisa en los labios apoyarse en el bastón, disfrutando de las vibraciones que escucha. A su lado está Monterroso que conversa suavemente con Cortazar mientras Frida sirve vino en las copas que están sobre la mesa. Recuperar esas charlas himnóticas en el frescor de la tarde del Sur es lo mejor que se me ocurre para volver a la cordura, para regresar al tiempo imposible de la felicidad.

EL SUEÑO DE DON QUIJOTE (por JOSÉ LUIS SUÁREZ)


OYE ATENTO AMIGO SANCHO
SI AYER SOÑE QUE EN UNA TIERRA
BIEN DISTINTA A ESTA EN QUE MORAMOS Y QUE NO TIENE PARDA LA COLOR

SI NO QUE ERA VERDE A MUCHAS LEGUAS
HACIA EL NORTE

SI EN ESA MESMA

EN TIEMPOS VENIDEROS HABRE DE VER MI NOMBRE REVIVIDO Y SERA MOTIVO MUY GOZOSO

QUERRALO ASI UN OSADO Y PRETENCIOSO VILLANO

ESTE MOZALBETE HARA DE LIBRERO POR CUENTA AJENA

TRANSCURRIDOS UNOS LUSTROS LANZARASE A LA AVENTURA CON MAS ILUSION QUE MEDIOS

ES ASI COMO MI NOMBRE ES DADO A UNO DE LOS TEMPLOS DEL SABER

REFIEROME AMIGO SANCHO A UNA LIBRERÍA

YA SABES TU LO QUE LOS LIBROS
SON POR MI ESTIMADOS

EN ESTE MI SUEÑO SANCHO AMIGO

PUDE APRECIAR EL INTERÉS ENTREGA Y DESVELO DEL REFERIDO LIBRERO

A LO LARGO DE ONCE AÑOS DE FORMA MUY SOBRADA GANOSE EL APRECIO DE CUANTOS FRECUENTARON ESTA CASA

PUDIENDOSE DECIR QUE LLEGA A SER MUY ESTIMADA LIBRERÍA EN LA QUE DARANSE CITA

PINTORES Y ESCRITORES

AQUELLOS COLGARAN SUS CUADROS

Y ESTOS REUNIRANSE ENTORNO A UNA MESA NO PARA YANTAR SI NO PARA LEER Y EN ANIMADO COLOQUIO

TRATARAN DE MI HISTORIA Y DISCUTIRAN DE LO HUMANO Y LO DIVINO

A ESTA REUNION LE LLAMARAN TERTULIA LITERARIA

FUE EN ESTE MOMENTO CUANDO ME INQUIRIO SANCHO

COMO LE IRA EL NEGOCIO AL TAL VILLANO


NO MUY BIEN

HABRA DE ENFRENTARSE A MUCHOS GIGSANTES

SANCHO SONRIE MALICIOSO Y ME REPLICA

EN TODAS PARTES CUECEN HABAS

RAZON TE SOBRA AMIGO SANCHO

NO ME PARECIO QUE LOS MORADORES DE AQUELLA TIERRA TUBIESEN PREFERENCIA POR LOS LIBROS

Y SI EN ESTE SUEÑO QUE AGORA TE REFIERO vi. A MUCHAS GENTES PREOCUPADAS POR EL GOZO DEL ESTOMAGO MAS QUE DEL ESPIRITU

PIENSO YO AMIGO SANCHO QUE MAL LES PUEDE IR A LOS HABITANTES DE ESE U OTRO PUEBLO QUE SE DEDIQUE A LEVANTAR MAS LOS TEJADOS QUE EL ALMA Y SABIDURIA DE SUS MORADORES

COMO CONCLUYE EL SUEÑO

MAL

SI CERRARA LA LIBRERIA
NO SIN PENA POR SU PARTE

SERA HISTORIA ANTE LA INDIFERENCIA
DE LAS GENTES QUE NO VALORARAN LA PERDIDA

EN VERDAD EL NOMBRE ME RESULTA UN TANTO EXTRAÑO

DON QUIJOTE DE LANGREO

(C) José Luis Suárez, 2004.

lunes, julio 05, 2004

SONETO



Quizás yo no conozca la cadencia
de la voz que, amorosa, me has negado.
No conozco tus labios, no he besado
tu suave palidez ni tu inocencia.
El mundo no me ha dado tus caricias,
y yo solo soy yo cuando te observo.
Mi voz es un cansado y triste verbo,
mis versos esperanzas son ficticias.
Por eso te contemplo en la negrura
del cielo que en la altura se me estrella;
eres tú y eres pura y simple y bella,
eres tú en quien contemplo la hermosura
del solo soliloquio que te nombra:
eres luz y también tétrica sombra.



FRANCISCO J. LAURIÑO
(c) 1988

viernes, julio 02, 2004

UN DEBATE


Lo que sigue es el texto de un correo electrónico que recibí hoy mismo. Lo reproduzco por eso de que no está nada mal el uso que de la red se hace para fomentar, divulgar, disfrutar y, en suma, vivir, la literatura y, en especial, la poesía. No significa, por supuesto, que yo esté necesariamente de acuerdo con las opiniones vertidas, ni de uno ni de otro. Tomadlo como una curiosidad. (Por cierto, el correo lo recibí de una lista a la que estoy apuntado, El Escarabajo: elescarabajo@eListas.net).



LIBERTAD DE EXPRESIÓN vs (o NO vs) TÉCNICA POÉTICA (Unos despuntes)
(Debate entre Fer Lozoya y Rubén Veovaldi, reproducido por su interés reflexivo)


FER LOZOYA:
Cuando al poema lo intentamos dotar de técnica (ojo, ¡TÉCNICA!, ¡MÉTODO!, ¡CIENCIA!) lo estamos privando de esa espontaneidad y frescura, LIBERTAD, que debe tener la poesía...Y lo peor es que estamos amputando el SENTIMIENTO del poema en beneficio de la forma.

RUBEN VEOVALDI:
Eso es lo que llamo INTOLERANCIA Y SOBERBIA. Decir tú lo que debe tener la poesía y rechazar lo que opinamos otros. Ese defecto tuyo se llama espontaneismo y es un abuso o exageración de la espontaneidad que permite soltar el contenido pero en sacrificio del gusto, y no le llames pedantería al gusto o gusto al capricho.
Natura sí, Salamanca también.
Cervantes no sabía leer y escribir hasta los veinte años y escribió con gusto. Nunca cayó en bonitas palabras para engañar a lectores y hasta fue irónico con la nobleza y los poderes de su época. Cervantes no era un académico, no era un escolástico
La poesía de Goethe no estaba ni contra el arte poética ni contra las ciencias naturales,, sino que el conocimiento suyo de botánica y zoología ha enriquecido a la poesía. Conocer es amar, ignorar es odiar o temer.
La libertad no la debe tener el poema sino el poeta, y la libertad viene de conocer su oficio
El pincel de Dalí o el ojo de Picasso no nacen libres, los dedos de B.B.King o Mozart no nacieron libres, sino que se hicieron libres aprendiendo tan bien la base de su oficio que pudieron al final pintar a ojos cerrados o ejecutar el contrabajo o un piano a ojos cerrados, porque confiaban en su percepción interna, en su oficio incorporado.
Si te gusta mi poesía, juro que la libertad que ves es fruto de intuiciones y correcciones, es consecuencia de escribir sin ataduras pero luego desmalezar, desengorrar, limpiar lo que sobra o lo que complica mi texto inútilmente.
Mira lo simples y frescos que son los poemas de amor del cordobés Luis de Góngora,
y mira sus otros poemas tan oscuros y culteranos que pasaron siglos antes de que nadie se atreviera a descifrarlos y todo Góngora vale, el claro y fresco, y el oscuro. Y fijaté que Miguel Hernándes valoró en Góngora justamente la etapa oscura.
Lo que te quiero señalar, querido hermano de la Harbard-cete University, es que tu idea de la ESPONTANEIDAD FRESCURA O LIBERTAD es un prejuicio, es un temor, es un tumor indefendible. ¿Es Albacete más o menos culta que Salamanca?
Lo quedebes tener, Fer, y perdón por la cagofonía, no es libertad sino CONFIANZA EN TU VOZ, si lo que quieres es darnos tu voz. ¿ Acaso un escultor mutila su material? ¿Un arquitecto mutila lo que construye? Un bailarín mutila su cuerpo al someterlo como tan rigurosamente lo somete, al arte de la danza?
La soltura que ves en el cine de Chaplin viene de las tijeras con las que ha limpiado kilómetros de filmación para que tu vieras editada solamente lo mejor, y no ha perdido sino ganado libertad al cortar y desechar lo que no salió a su gusto.
Prueba a hacer un personaje, a teatralizar un personaje con tu cuerpo y a darle otra personalidad o a dibujar un personaje de comix, de historieta, prueba a hacer tu Asterix o tu Mickey o tu Lulú y verás que para que la gente lo reconozca tienes que trabajarlo, tienes que componer y ensayar mucho para que otros lo vean pasearse suelto por donde tú quieras llevarlo. Trabajar la forma en arte no es mutilar sino liberar.
¿Sacrifica el contenido de su cuerpo una mujer si lo viste a su gusto? No
Y no nos gusta que la mujer ande todo el tiempo desnuda, el arte de gustar está hecho justamente de ese juego entre mostrar y velar, ocultar y lucir, poner a la vista y sacar la forma desnuda que llamamos mujer.
¿ Hay libertad en la alta costura? No hay libertad, hay mucho trabajo de tijera, de diseñar, borrar, remodelar.

FER LOZOYA:
Bien es verdad que lo óptimo es lograr una conjunción de forma y contenido, así como que antes de lanzarse a escribir poesía se debe haber leído al menos a 1000 poetas distintos, pero esto -quizás- sólo está reservado para los POETAS (y llamo POETAS a esos elegidos por el destino como los únicos que son capaces de mostrar con una palabra 1000 imágenes...

RUBÉN VEOLVALDI:
Leer no es obligación sino gusto, placer, leer es un acto de libertad y no una carrera o asunto de elites privilegiadas.
Cualquiera tiene derecho a aprender a leer y escribir, acceder a una biblioteca, a la cultura, etc.
Leer es tu derecho y tu libertad. ¿ A qué le llamas destino? A qué le llamas "elegido"? Hablas de poesía o de religión?
Seamos laboriosos del placer y placenteros del oficio si queremos, o no, pero no seamos prejuiciosos o supersticiosos.

FER LOZOYA:
La cuestión es: ¿Sacrificamos la forma o el contenido? ¡Y no me vengan con que se pueden conjuntar las dos cosas, eso sólo los dioses y diosas, l@s elegidos! (y quién se crea capaz de conjuntarlas en más de 3 poemas de toda su obra poética, es porque es el bicho más arrogante y ególatra que ha parido madre.
Personalmente prefiero el contenido (aunque, como me pírria el soneto...pues a veces no suelo descuidar la forma), pero jamás he escrito un poema que los haya conjuntado, ¡ni uno sólo! Y...no os engañéis...vosotr@s tampoco. Pero, aún así, tod@s en alguna ocasión nos hemos acercado bastante al límite de la redondez del poema...pero siempre se puede pulir más, siempre!
¿Os decepciona ser eternos aprendices?

RUBÉN VEOVALDI:
No, justamente esa es la felicidad del amor, del sexo y de la poesía. Ser eternos aprendices.

FER LOZOYA:
Luego están las paranoyas, el "poema" inconsciente, la prosa poética o el poema prosaico...el a-poema...Lo que vulgarmente se denomina "escribir como te salga ", y ahí debo felicitar a Miguel Sánchez y Antonio Medinilla -son sólo ejemplos- por algunos de sus envíos.
Otro punto de debate es el estilo...¿Estilo?, ¿existe eso? Si existiera...el poeta estaría encasillado, y por lo tanto extinguido, aniquilado, preso..

RUBÉN VEOVALDI:
Borges hizo del estilo su mayor logro, por lo tanto Fer EL ESTILO EXISTE

FERNANDO LOZOYA:.
¿Gocho tiene su estilo?, ¿Dana tiene el suyo? ¿Juan el suyo?...No creo que sean tan pobres de espíritu creativo...Estos compis tienen su estilo quizás en el formato de Word con el que envían...pero cada poema de ellos (y de cada uno de nosotros) es -y debe ser- un mundo aparte del anterior. ¿Estilo??? ¡Si me sacasen un estilo me dedicaría a jugar al parchís!!!
Si por ejemplo escribo: "Me mola en cantidad ser un desgraciao de la vida", acordaréis conmigo en que formalmente esta frase puede sonar a puñetera mierda (incluso podemos pensar que no es literatura), pero un POETA podría escribir folios y folios sobre la frasecita en cuestión, sobre su fuerza y aplastante convicción de dejadez.
Pero si escribo en su lugar: "He acabado por sucumbir al encantamiento de mi infructuosa vida", aunque formalmente está más lograda, no se cree en la veracidad del contenido ni la madre que parió al gilipollas del autor. La fuerza se pierde aquí en aras de la pedantería ridícula y tontorrona.

RUBÉN VEOVALDI:
No necesitas decirnos esto a nosotros. ¿ Quién aquí sacrifica su sentir con lenguaje fingido, afectado en vez de afectivo?.
Demos los nombres: Gabriela Botbol en absoluto pecaría jamás de tontorrona o pedante,
Gabriela Wencelblat no es afectada, Roldán no es afectado, Juan, Aixa, José Daniel, Silvia Brandon no lo son, Dana no lo es, ni Piccini ni La Maga, ni , ni Impaglione, ni Duende Negro ni Iribarren ni la Pato, ni Pablo ni Daza ni otras y otros que aquí leemos con placer.
¿Sientes que la poesía de Fernando Luis o mi escritura es mutilada, o que le falta libertad o sinceridad ?Donde lo sientas me lo dices porque sinceramente quiero superarme.
Sí me pareció afectada la poesía de Xenia Mora, y a veces la de Quirrén, pero no se los dije ni me molesta que compartan lo suyo con nosotros pero noté que a Xenia no le gustan nuestros poemas y que por eso se fue.

FER LOZOYA:
En cambio, cuando Hernández escribe: "No me conformo, no, me desespero/ como si fuera un huracán de lava/ en el presidio de una almendra esclava/ o en el penal colgante de un jilguero", se logran a la perfección la forma y el contenido..Pero claro, el es un dios...Tú y yo no somos ni ángeles...Y lo más gracioso es que por mucho que nos entrenemos en nuestra vida, jamás nos brotarán un par de alas por magia potagia.
Verso libre, verso gratuito, verso del alma, de la calle, del corazón, de los lugares comunes...¡SÍ! ¿Por qué esa obstinación en la "originalidad sublime", en "mi perfección aumenta y soy lo más"? ¡Menos lobos, caperucita!

RUBÉN VEOVALDI:
Yo corrijo por placer y no por deber. Te puede rechazar un editor, Fer, y esto va para Jaume también, puedes fracasar en un Concurso Literario, puedes ingresar a Facultad de Letras y salir Lisenciado en Vidrieras, pero el lobo que dices es un miedo tuyo. No importa que te rechacen, en todo ambiente hay más pujas que pijas, lo que importa es que tú CONFIES EN TU VOZ y toleres la opinión adversa de otros y me dejes opinar, aunque yo no coincida contigo. ¿Te parezco soberbio, o cobarde o desubicado o filtrador ?
Si miedo rima con pedo,
expúlsalo con denuedo
y no te cagues en el ruedo.
Eso es comenzar a dialogar, y aquí no hay mal olor..